Al hombre que detrás de una sotana logró despertar el niño que llevo dentro
A Monseñor Norberto Rivera
que eleve mi alma, mi cuerpo
cual si fuera una oblación perpetua
de una flama ardiente.
Sólo una plegaria urgente
para un moribundo
que entrega al cielo y al infierno
el último estertor de la muerte.
Sólo una oración,
sólo una que logre entregarte
todo lo que tengo,
todo lo que imagino de ti en mí.
Como ofrenda inmólame
y recíbeme como holocausto del placer
que yace extasiado en la penumbra del deseo atormentado;
pero sólo una plegaria,
con una tengo para caer rendido,
entregado, esclavizando mis cinco sentidos atados
a tu camaltar.
Sólo una plegaria, una jaculatoria emergente
de mi estupor que te nombra con mis manos,
con mi boca; mi cuerpo, mientras espera ser
ofrecido a los brazos de un amante
que se convierte en dios cuando le ruego:
se quede, reine y viva en mi cuerpo por siempre...
Por los siglos de los siglos.
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